
Intriga y da vértigo al mismo tiempo. Lo digo por experiencia propia: la cartera de mi señora es peligrosa. Ojalá nunca hubiera buscado mis llaves allí. Entre cierres y bolsillitos de dudoso uso me perdí y navegué por largos minutos en esta especie de bolso que parecía no tener fondo.
Encontré cosas extrañas: un pañuelito desechable, sólo uno; tres muestras de cremas a medio acabar; un par de colet de color adolescente; dos sachet de champú con un pedazo de revista pegada; innumerables boletas de tiendas que ya no existen; un lápiz delineador sin punta y hasta una cuchara de postre.
¿Y mis llaves? A estas alturas mientras rebuscaba se oían monedas sueltas y aparecían billetes de escasa denominación caídos de una obesa billetera, que no me atreví a abrir más por temor a encontrar cosas como tiras de remedios, pero sin ninguna pastilla.
No quiero juzgar el desorden en el interior de una cartera como la de mi mujer, porque ella si lo entiende. Tras dos zangoloteos cayeron mis llaves. Parece que esa es la técnica. Así que cuando quiero encontrar algo ya no busco de a poco, zamarreo, abro y encuentro lo que busco. ¿No será mágica?
1 comentario:
Interesante, pero hay más cosas que encontrar.
Saludos =)
Valeska RRPP UBO
Publicar un comentario