
Multitarea o “multitasking” es lo que son hoy todos quienes nacieron después del 2000 dicen los expertos en el tema, pero creo que podemos comenzar la búsqueda un poco antes. ¿Quieren saber si pertenecen a esta nueva denominación de origen? La respuesta la pueden deducir fácilmente: usan i-phone, i-pod, i-tunes o bien se ven en la necesidad de mandar mensajes de textos compulsivamente, twittear, cambiar regularmente o comentar su estado de Facebook y todo ello en un día. Entonces son seres multitareas.
Al principio me negué a reconocer esta situación, pero si te tomas un café con alguien que no puede despegarse de su Blackberry –lo que es una soberana lata- porque está revisando su mail y chateando mientras intentas conversar y hacer contacto visual, es porque algo no está en su lugar. Al menos en el mundo del cual provengo.
Mi transición al mundo digital es más lenta de lo que pensé. Los nativos digitales me superan y lo veo todos los días, por lo que me contentaré con analizar el proceso.
Ya no basta tener amigos, llamarlos por teléfono –no pensemos en el de la casa que ya no se usa- sino que puedes compartir cada sensación que tienes vía celular, a cada instante y socializar de esa manera un tanto fría, pero inmediata. Incluso puedes crear tu propio lenguaje, lo que no es malo, porque al contrario de los puristas, no creo que vaya a desaparecer la escritura correcta, sólo la forma en que compartimos información.
Si no te gusta leer cosas como “tengo frío =(”, “sabor de hoy: pera”, “¡krrete onde la kro!” y más encima te demoras en escribir un mensaje en tu celular, no eres multitarea. Si además no puedes tener más de dos aplicaciones abiertas en tu pc porque se te va la onda o pierdes la concentración cuando recibes un mensaje al estar abierto Messenger o Facebook, eres definitivamente un ser análogo.
En todo caso aclaro que lo que los jóvenes usan para estar todo el día conectados, lo ven como una extensión natural de sus sentidos, una idea que impuso en los sesenta Marshall McLuhan. Saquemos cuentas: a más medios más extensiones del hombre.
Al principio me negué a reconocer esta situación, pero si te tomas un café con alguien que no puede despegarse de su Blackberry –lo que es una soberana lata- porque está revisando su mail y chateando mientras intentas conversar y hacer contacto visual, es porque algo no está en su lugar. Al menos en el mundo del cual provengo.
Mi transición al mundo digital es más lenta de lo que pensé. Los nativos digitales me superan y lo veo todos los días, por lo que me contentaré con analizar el proceso.
Ya no basta tener amigos, llamarlos por teléfono –no pensemos en el de la casa que ya no se usa- sino que puedes compartir cada sensación que tienes vía celular, a cada instante y socializar de esa manera un tanto fría, pero inmediata. Incluso puedes crear tu propio lenguaje, lo que no es malo, porque al contrario de los puristas, no creo que vaya a desaparecer la escritura correcta, sólo la forma en que compartimos información.
Si no te gusta leer cosas como “tengo frío =(”, “sabor de hoy: pera”, “¡krrete onde la kro!” y más encima te demoras en escribir un mensaje en tu celular, no eres multitarea. Si además no puedes tener más de dos aplicaciones abiertas en tu pc porque se te va la onda o pierdes la concentración cuando recibes un mensaje al estar abierto Messenger o Facebook, eres definitivamente un ser análogo.
En todo caso aclaro que lo que los jóvenes usan para estar todo el día conectados, lo ven como una extensión natural de sus sentidos, una idea que impuso en los sesenta Marshall McLuhan. Saquemos cuentas: a más medios más extensiones del hombre.
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